Wednesday, December 12, 2018

La muerte de un presidente: George Bush I


George H.W. Bush fue el cuadragésimo primer (41) presidente de Estados Unidos (1989-1993). Será recordado como el presidente (hubo un total de 12) más anodino del siglo XX de ese país. Todo lo que hacía era mal concebido por un equipo de asesores mediocres, que se encontraban en la Casa Blanca gracias a la popularidad de su predecesor, Ronald Reagan.
Hay dos razones para dedicarle un espacio al que los medios norteamericanos llamaban el ‘wimp’ (debilucho). En primer lugar, por declararle la “guerra total” a Panamá. La aventura militar desatada en diciembre de 1989 le costó la vida a miles de panameños inocentes. En segundo lugar, para entender porque los medios norteamericanos ensalzaron la figura de Bush para contrastar su ‘humildad’ con la arrogancia del actual mandatario, Donald Trump.
Desde su juventud, pasando por sus años de formación política, su paso por la Presidencia, hasta su muerte, siempre fue un instrumento en manos de otros que lo utilizaron para cumplir con las tareas más deleznables. Hijo de una familia arribista cuyo padre se hizo millonario contrabandeando energéticos hacia Alemania durante la segunda guerra mundial, don dinero le permitió mezclarse con la aristocracia de la costa oriental norteamericana. Una anécdota sirve para situar al padre de George – Prescott S. Bush - en su lugar: Antes y durante la Segunda Guerra Mundial (entre 1934 y 1943) manejaba una empresa naviera que alimentaba al gobierno nazi con petróleo texano en barcos que utilizaban la bandera de conveniencia panameña.
El periodista norteamericano, Greg Grandin, define a Bush como ícono del ‘establecimiento WASP’ y represor brutal del Tercer Mundo. “Los servicios funerarios (realizados a principios de diciembre) lo han querido convertir del terrorista que era en un héroe”. La sigla WASP traducida al español quiere decir blanco, anglo-sajón y protestante. Gracias a las conexiones financieras de su padre Prescott, logró convertirse en protegido de los clanes Harriman y Rockefeller que lo atrajo al presidente Richard Nixon quien lo nombró embajador en la ONU, Pekín y finalmente director de la CIA.
Antes de cumplir un año en la Casa Blanca, Bush ordenó la invasión de Panamá. La lista oficial de muertos aún no existe pero se calcula que fueron varios miles. La Iglesia católica celebró una misa campal dándole la bienvenida a los invasores y presentando una lista de poco más de 500 víctimas fatales.
Una agencia de Derechos Humanos de EEUU informó que las fuerzas armadas norteamericanas no respetaron la regla de evitar la pérdida de vidas de no combatientes en áreas residenciales. Todo lo contrario, no se le avisó a la población del bombardeo que se desató sobre la ciudad de Panamá (concentrado en el barrio de El Chorrillo) en la medianoche, poco antes de la Navidad. La Universidad de Panamá reportó 442 explosiones en las primeras 12 horas de la invasión, una bomba cada dos minutos, que destruyeron 4,000 hogares. La Iglesia católica no fue la única que celebró. También salieron a la calle para abrazar a los invasores los miembros de los partidos políticos que recuperaron el poder trepados en los tanques norteamericanos. Todavía siguen en el poder casi 30 años después.
La muerte de Bush se produce en medio de una guerra que está desgarrando el tejido de la oligarquía norteamericana. El presidente Trump - quien cumple en enero dos años en la Casa Blanca - está cuestionando la legitimidad de los oligarcas que han estado guiando a EEUU hacia un objetivo de grandeza global. Los califica de traidores, que quieren entregar las riquezas del país a intereses foráneos, entre ellos europeos y chinos. Los acusa también de promover la inmigración de etnias indeseables a EEUU. Sus ataques los adereza con su popularidad entre los sectores más conservadores del país a quienes suma a los millones trabajadores que se encuentran desempleados o cuyos ingresos han disminuido en los últimos lustros.
La ‘vieja’ oligarquía contra-ataca acusando a Trump de ser inepto para gobernar y de estar en alianza con Rusia para conservar el poder. Durante tres días, los medios levantaron la figura de George Bush I para recordarle al pueblo de EEUU como debe comportarse un buen presidente de EEUU. Hay indicios que la táctica no funcionó y Trump sigue su curso. A sus adversarios políticos sólo les queda el enjuiciamiento (impeachment) para ver si lo pueden desbancar. El mundo espera una reacción del pueblo norteamericano.
13 de diciembre de 2018.

Friday, December 7, 2018

Los retos de López Obrador



Millones de mexicanos presenciaron el discurso del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en el Zócalo de la ciudad de México. Otros tantos lo siguieron por televisión en el mundo entero. Fue un discurso pausado, enérgico y con un contenido que sacudía a todos los que escuchaban.
Con una voz firme presentó ante el pueblo de México su programa de trabajo (2019-2024) de cien puntos. Repasó cada punto, detallando sus significados, como procedería y de dónde saldrían los fondos para financiar sus iniciativas. Aclaró que cada punto ya había sido consultado con el pueblo tras años de hacer giras por todo el país. Las palabras de AMLO recordaban otros discursos históricos de nuevos mandatarios llamados a transformar no sólo sus países sino también la región latinoamericana.
El 1 de enero de 1959, Fidel Castro pronunciaría su primer discurso en Santiago de Oriente anunciando el programa de la Revolución cubana ya discutido tras tres años de luchas en la Sierra y en las ciudades. El 11 de septiembre de 1970 en Santiago de Chile, Salvador Allende, presentó su programa de gobierno que era de los trabajadores quienes tenían más de medio siglo combatiendo para llevar sus anhelos a la dirección política de ese país. En  4 de febrero de 1999, Hugo Chávez pronunció el discurso que cambió a Venezuela para siempre. América latina avanza. Son avances cualitativos que no se traducirán en bienestar para las grandes mayorías hasta que no se alcance la unidad de todos los pueblos de la región.
Destacamos en resumen lo bueno, lo malo y lo feo del discurso de AMLO. Lo bueno es su decisión de poner fin a la corrupción en México. Comparte con el pueblo que es el problema más serio que tiene ese país. La corrupción, a su vez, es la responsable de la violencia que cobra miles de vidas inocentes al año. También recuperará todas riquezas del subsuelo que fueron entregadas a las corporaciones norteamericana por gobernantes corruptos. Financiará con las riquezas del pueblo de México, hoy robadas por la oligarquía de ese país, los programas de educación, salud y seguridad social.
Lo malo es la pobreza, la desigualdad y la criminalidad. Presentó los programas que comenzará a poner en efecto inmediatamente para reducir la pobreza. Destinará miles de millones de pesos en distribuir recursos en las comunidades y creará nuevas oportunidades de empleos, especialmente, en las fronteras norte y sur. Creará una Guardia Nacional especializada para enfrentar el crimen organizado de mafias mexicano-norteamericanas.
En su discurso dejó entender sin ser explícito, que lo feo es el gobierno de EEUU que no descansará ante impedimento alguno para obstaculizar su programa de cien puntos. También a los Salinas de Gortari y sus asociados que han empantanado a México con políticas neo-liberales con el fin de apropiarse de todas sus riquezas. Tendrá que enfrentarse a los malos gobernantes de la región que – desde la década de 1960 – se oponen a libre determinación de los pueblos. Han usado a la OEA para socavar a los gobiernos de Cuba, Chile, Venezuela y tanto otros, en conspiraciones abiertas junto con EEUU.
AMLO fue cauteloso al abordar el problema de la migración creado por EEUU y llevado a la política electoral por Trump. La economía de EEUU demanda trabajadores que estén dispuestos a laborar por salarios muy inferiores a los pagados legalmente en EEUU. A pesar de ser salarios bajos, son un atractivo para muchos que quieren cruzar la frontera desde hace muchos años. AMLO fue hábil al decirle a Trump que el problema tiene solución si ambos gobiernos cooperan.
Mientras tanto, una poderosa cadena de televisión de EEUU – cercana a Trump - acaba de recomendar que las ‘Caravanas’ se dirijan hacia Panamá para buscar refugio. La diferencia entre Panamá y EEUU es que el primero nunca ha explotado a Honduras como lo ha hecho EEUU. Panamá tampoco ha asesinado a un solo centroamericano, ni ha lanzado bombas sobre su población inocente como lo ha hecho EEUU.
Todos los centroamericanos siempre han sido, son y serán bienvenidos en Panamá. Le toca ahora al pueblo norteamericano asumir una posición valiente y decidida para abrirle las puertas a los centroamericanos. EEUU dice en su propaganda que es el país que ‘acoge a los desvalidos del mundo’. ¡Que lo demuestre ahora con quienes están en su frontera! Aprovechen que AMLO es su aliado.
6 de diciembre de 2018.


Wednesday, November 28, 2018

Los especuladores a la ofensiva en las áreas revertidas



Las comunidades de las áreas revertidas del Canal de Panamá están en pie de guerra. El gobierno ha decidido abrir vastos terrenos a la especulación inmobiliaria para lo cual está ampliando la avenida Omar Torrijos. Desde  que se firmó el tratado del Canal con EEUU en 1977 el país ha estado en un permanente enfrentamiento con los especuladores que quieren hacer negocios con lo que en el siglo XX se llamaba Zona del Canal de Panamá. Los especuladores se encuentran confabulados con los funcionarios públicos del más alto nivel programando negocios de toda clase. No importa si son legales o ilegales. Tampoco si acaban con comunidades, culturas o paisajes. Aún más no les importa si destruyen las fuentes de agua que necesita el Canal de Panamá para funcionar.
Se sumó a la protestas comunitarias la Ciudad del Saber que sufrirá las consecuencias de las arbitrariedades del Ministerio de Obras Públicas que avanza con sus batallones de tractores tumbando todo lo que encuentra en su camino. El presidente de la Ciudad del Saber, Jorge Arosemena, le planteó al gobierno la necesidad de iniciar un diálogo para llegar a un entendimiento. La Ciudad del Saber señala que el proyecto de ampliación de la avenida se inició y se desarrolla en forma ‘poco transparente’ Agrega que ya ha ‘producido una masiva  deforestación en áreas boscosas adyacentes al Canal de Panamá’.
El gobierno insiste en continuar sus proyectos especulativos sin atender las necesidades del país y, específicamente, de las áreas del Canal. Según Arosemena, ‘durante dos años ha estado tratando infructuosamente dialogar  con el MOP para encontrar soluciones que minimizaran los impactos negativos del proyecto’.
La Ciudad del Saber ha interpuesto dos medidas legales para interrumpir el proyecto del gobierno. Por una lado, presentó en agosto un recurso de habeas data y, por el otro, en octubre una acción de amparo de garantías constitucionales. La Ciudad del Saber le hace un llamado al país para que solidarice con su pretensión de salvaguardar sus instalaciones . Las comunidades de las áreas revertidas se encuentran en la misma situación de desprotección al ver como avanzan los planes del gobierno y su ministerio de obras públicas.
Todo indica que quienes llegan al gobierno - sea del partido político que sea – llevan en su programa un punto en tinta invisible que se refiere al saqueo del país. Por un lado, saquean el erario mediante contratos, adendas y sobreprecios. Por el otro, saquean los recursos naturales como son los bosques, incluyendo los que rodean la vía interoceánica, las cuencas y las riquezas minerales. La Minera Panamá, empresa sudafricana-canadiense, comenzará a extraer cobre de Petaquilla y recibirá una subvención de varios miles de millones de dólares. Ya construyó un puerto sobre el Caribe por donde exportará el cobre. El fisco panameño recibirá  20 millones de dólares anualmente..
Las islas y playas se están vendiendo a extranjeros que engañan a los pescadores y campesinos sin que el gobierno haga cumplir las leyes o la Constitución. Esta última dice claramente que las islas y las playas no se pueden vender. El gobierno especula con el desarrollo de una carretera que una a la ciudad de Colón con Bocas del Toro. Igualmente, con las islas del archipiélago de Las Perlas. Todo sin plan que tenga en mente el desarrollo del país. Todas las iniciativas gubernamentales se reducen a hacer negocios con las riquezas del país.
Lo que pareciera ser un problemas aún más serio es la negociación con la R. Popular China de un tratado de libre comercio. ¿Se blindarán los actuales gobernantes, como hicieron otros en el pasado, para sacar beneficios de las inversiones multi-millonarias provenientes de los chinos?
Los vecinos de las comunidades de las áreas revertidas están preparándose para dar la pelea. Creen que pueden enfrentar el gobierno con éxito. Hace 20 años la ARI hizo un plan para el desarrollo de las áreas revertidas. Contempló todos los ángulos para beneficiar un crecimiento armonioso con la naturaleza. También le dio prioridad al sector empresarial para que hiciera inversiones sobre tierras que obtenían a precios muy por debajo del mercado. Los vecinos exigen que se respete el plan de la ARI. No quieren otro plan que beneficiaría aún más a los saqueadores que se aprovecharían de las circunstancias para acabar con las comunidades, los bosques y el Canal de Panamá. Por unos dólares más.
29 de noviembre de 2018.




Las ciencias sociales latinoamericanas en Buenos Aires




Voy en dirección a la Universidad de Buenos Aires, Argentina,  donde participaremos en una mesa redonda sobre la situación de EEUU en esta coyuntura que pareciera muy confusa. También, junto con el grupo de trabajo de Estudios sobre EEUU de CLACSO, presentaremos el quinto libro de una serie que sigue de cerca lo que llamamos la ‘crisis de hegemonía’ de ese país.
La hegemonía es un concepto que se introdujo en los análisis sociológicos y políticos hace cien años. Lenin, el revolucionario ruso, lo utilizaba. Quien desarrolló y profundizó el concepto fue el italiano Antonio Gramsci. Un grupo social dominante tiene hegemonía cuando los demás sectores de una sociedad creen que su pensamiento es universal.
En la actualidad, los sociólogos liberales norteamericanos, los funcionarios de la ‘comunidad de inteligencia’ de EEUU, hasta los corredores de la bolsa de valores de Nueva York, utilizan el concepto para tratar de entender los procesos contradictorios y conflictivos de nuestros tiempos. La ‘crisis de hegemonía’ significa que algo está cambiando en la manera en que vemos y pensamos el mundo. Durante la segunda mitad del siglo XX, EEUU era la potencia hegemónica en el mundo. Tenía la economía capaz de lanzar al mercado - a escala global - mercancías en abundancia, su poderío militar era incontestable, su cultura seducía a todos los que entraban en contacto con su estilo de vida y sus activos financieros estaban presentes en todas las transacciones.  
Los panelistas del grupo van a discutir como EEUU ha perdido algo de su ‘hegemonía’ en los últimos 20 años. Hay 3000 actividades planeadas en la 8ª Conferencia de Ciencias Sociales. CLACSO tiene 100 grupos de trabajo con investigadores de todos los países de la región. Además, la Conferencia está abordando la pobreza, la democracia, los grupos étnicos y la mujer, así como la juventud y la educación. Sería muy largo enumerar todos los temas.
El grupo de trabajo de Estudios sobre EEUU presentará  su quinto libro que lleva como título “EEUU contra el mundo – Trump y la nueva geopolítica”. Analiza las políticas publicas del presidente Trump. El mandatario norteamericano ha sido muy polémico cuando plantea que los esfuerzos por crear un mundo globalizado deben detenerse y, en su lugar, hay que volver a un sistema competitivo de Estados-naciones que velen por sus propios intereses. Es obligatorio incluir en el panel la discusión sobre las recientes elecciones que no le dio ‘carta blanca’ a Trump. Este tendrá que buscar caminos alternativos para lograr sus objetivos.
El debate en torno a EEUU en la Conferencia de CLACSO es un abreboca para la próxima reunión del G-20 en Buenos Aires. Terminando la reunión de los científicos sociales latinoamericanos en la capital argentina, llegarán el presidente Trump y los otros mandatarios del mundo. Entre ellos Xi, Putin y Merkel. Se pronostican serias divergencias entre los líderes mundiales en gran parte debido al nuevo rumbo que le ha dado Trump a la política exterior de EEUU. Por un lado, los europeos sienten que Washington le está cortando el piso, por el otro, los rusos ven cada vez más difícil convertirse en socios de la gran potencia y, además, los chinos todavía no salen de su sorpresa por la declaración de guerra comercial.
En lo que respecta a América latina, Trump levantó la bandera de Monroe que proclama América para los (norte) americanos. No hay espacio para disidencia ni diálogo. Los países que no están de acuerdo con los términos que impone Washington son atacados, aislados y derrocados. Los que resisten lo hacen con dificultades y privaciones, sufriendo las consecuencias de las sanciones. En la cumbre del G-20, los lideres europeos tienen la esperanza que Trump se retracte, en parte, de lo que ellos llaman su nacionalismo. Creen que los resultados electorales recientes lo habrán ablandado un poco. Los rusos por su lado esperan señales de acercamiento. Los chinos, en cambio, aparentemente no tienen apuro. Llegarán al G-20 exhibiendo sus avances sociales y económicos que tiene el mundo asombrado desde hace casi 20 años. ¿Son señales de la pérdida de hegemonía de EEUU? Los europeos no saben que hacer, los rusos no se deciden y China aparenta seguridad en el futuro.
Todo indica que la Conferencia de CLACSO en una primavera que enaltece a Buenos Aires está resultado en un gran éxito.
22 de noviembre de 2018.











Wednesday, November 14, 2018

La cuestión nacional y la globalización


En medio de las luchas internas que ha desatado en su país, en torno a la cuestión nacional, el presidente Donald Trump también se enfrenta a una batería de opositores entre sus antiguos aliados en Europa. Recientemente, Trump se declaró un nacionalista. Su afirmación causó una enorme repulsa de los grupos dominantes del establishment norteamericano que son partidarios de la globalización. Igualmente, conmemorando el centenario del fin de la Gran Guerra, el presidente francés, Emmanuel Macrón, en París, aseguró que ser nacionalista es la antítesis de ser patriota.
Hay, incluso, una tercera posición frente a la cuestión nacional: Son las naciones oprimidas que se enfrentan a las naciones dominantes. En las primeras hay movimientos de liberación nacional o guerras populares que son reprimidos por gobiernos financiados por las naciones opresoras. Obviamente, hay que encontrarle una explicación a estas divergencias en cuanto a la definición de la nación. ¿Qué es la nación?
No es lo mismo una nación oprimida que una nación opresora. Tampoco es igual la nación para un grupo social dominante que para otro grupo dominado. Incluso, hay naciones que compiten entre sí para la dominación de los mercados, territorios y fuerza de trabajo barata de otras naciones. El historiador inglés, John Hobson, lo llamó imperialismo. El imperialismo condujo a la humanidad a un estado bélico permanente hasta nuestros días.
Para simplificar las cosas, podemos decir que cada grupo social, articulado a una forma de organización de la producción de riquezas (la economía), puede tener un proyecto de nación. Los empresarios quieren consolidar su mercado nacional. Los campesinos quieren una nación que les asegure el acceso a la tierra. Los obreros aspiran a una nación que cumpla con sus aspiraciones de equidad y libertad. ¿Cómo puede una sociedad asimilar tantos proyectos? También hay una definición territorial de la nación. Es una definición frágil pero puede servir en coyunturas especiales. Los polacos la utilizaron en su lucha para emerger como nación en el siglo XX. Los catalanes la utilizan en el siglo XXI. En América latina, los grupos sociales se han unido– con mayor o menor éxito – en Panamá, Cuba, Puerto Rico, entre otros - para enfrentar a EEUU en defensa de su proyecto de nación.
En la actualidad, en EEUU, el presidente Trump ha levantado la bandera del nacionalismo para defender un proyecto que fue legitimado en el siglo XIX. Los ‘barones’ de la gran industria después de la conquista de todo el territorio entre México y Canadá crearon uno de los proyectos de nación más exitosos en la historia. A fines de ese siglo y principios del siglo XX, EEUU se enfrascó en las guerras imperialistas de las potencias europeas. Su proyecto de nación fue reemplazado por una abierta competencia imperial con los europeos en América latina, Africa, Asia y otras regiones.
Después de un siglo de imperialismo, las naciones/potencias europeas se han agotado y no tienen la capacidad para seguir explotando la periferia. Hace 40 años EEUU organizó la Comisión Trilateral con el propósito de coordinar sus políticas con las de Europa (el llamado ‘centro’) en su relación con la periferia. Se suponía que para ello se fortalecerían las instancias económicas (FMI, BM), se ampliarían las instancias militares (OTAN) y se crearían instancias políticas nuevas (G-7, G-20). EEUU contraloría todo el engranaje apoyando a los demás socios. Lo que Barak Obama llamó “liderazgo desde la retaguardia”.
El plan concebía el mundo sin fronteras, unidades militares coordinadas y economías cada vez más integradas: La globalización. En otras palabras, era un adiós a las naciones surgidas al calor de la revolución industrial y del capitalismo, así como del imperialismo. Esta versión del ‘fin de la historia’ fue rechazada por sectores importantes del gran capital norteamericano que encontraron en la figura de Trump su campeón. La propuesta de este grupo es sencilla: EEUU es y será la primera y única nación con capacidad para liderar al mundo.   
¿Qué alternativa tiene América latina? La propuesta de la globalización o de un liderazgo único centrado en Washington no es nueva. Es más de lo mismo. Ambos planes implican que las 35 naciones de América latina y el Caribe seguirían siendo exportadoras de bienes de bajo valor agregado e importadoras de productos de alto valor agregado. A las naciones de la región sólo les queda la alternativa de romper con la dependencia y buscar un nuevo camino.
15 de noviembre de 2018

Wednesday, November 7, 2018

Candidatos de los partidos elitistas anclados en el pasado



En mayo de 2019 se realizará la octava ronda electoral con dos grandes elementos en juego, que no serán objeto de debate entre los partidos que se han alternado en el poder. Por un lado, el modelo económico neoliberal hegemónico durante más de 30 años. Por el otro, la presencia de EEUU mediante tratados, pactos, acuerdos o memoranda.
Entre 1984 y 2014 se realizaron 7 elecciones generales. Fueron ungidos tres presidentes del Partido Revolucionario Democrático (PRD), tres del Partido Panameñista y uno de Cambio Democrático (CD). La secuencia electoral engaña si se trata de sacar como conclusión algún tipo de estabilidad política o una especie de continuidad. Entre medio, Panamá sufrió una invasión militar norteamericana (1989), la ocupación militar foránea por varios años, la transición de un régimen militar a otro oligarca y los gobiernos de una elite panameña incompetente. Todos los gobernantes, sin embargo, si coincidieron en un aspecto: La política económica neoliberal que se inició con tímidos ‘ajustes económicos’, en la década de 1980, seguido por la consolidación de políticas de desregulación, privatizaciones y flexibilización en la década de 1990.
Los tres partidos con presencia en la Asamblea Nacional ya han elegido sus candidatos a la Presidencia de la República. Igualmente, el Frente Amplio por la Democracia (FAD) y el PAIS. Mas adelante se definirán los 3 candidatos por la libre postulación. Todo indica que habrá 8 candidatos aspirantes a ocupar el sillón que está en el Palacio de Las Garzas. Con excepción del FAD, ninguno de los partidos políticos tiene una plataforma integral para gobernar el país en el período 2019-2024.
A pesar del fracaso del modelo neoliberal, los tres partidos más grandes insisten en conservarlo. Proponen crecimiento económico sobre la base de un mercado sin regulaciones o cuasi-monopólico.
Panamá tiene una fuente de ingresos enorme que es el Canal de Panamá (los peajes representan ingresos anuales superiores a US$3 mil millones) y las actividades conexas que generan ingresos para el país que superan los US$6 mil millones al año. Los ingresos son producto de la exportación de servicios a la marina mercante mundial. El grupo o partido político que controla el poder garantiza su manejo de esos ingresos provenientes del exterior.
El modelo neoliberal sirve de ‘fachada’ para monopolizar los ingresos del exterior. En los programas de los candidatos ‘tradicionales’ no se menciona – ni una línea – la estrategia que se pretende aplicar para hacer uso de esos recursos para satisfacer las necesidades de la población. Hay dos palabras que han sido prohibidas por los tres partidos que se alternan en el poder. Por un lado, la palabra Desarrollo. Por el otro, Plan. Otra palabra que es mal vista, pero que a veces es utilizada, es Nación. La combinación de las tres palabras: Plan Nacional de Desarrollo constituye la anatema para todos los liberales panameños (neoliberales y conservadores).
Sin Plan es más fácil saquear el fisco mediante el desgobierno, que se traduce en corrupción, que caracteriza los círculos más altos del aparato gubernamental y del sector empresarial. Los últimos gobiernos han sido muy transparentes en sus operaciones de despojo. Lo que llama la atención es que los tres partidos competirán nuevamente por el poder, a pesar de dejar pruebas de su mal manejo del presupuesto (para 2019 se aprobó un presupuesto de US$23 mil millones) y de los casos de corrupción que se encuentran en los juzgados.
El ganador entre los 3 candidatos seguirá nombrando especialistas en su consejo de gabinete que producirá proyectos de ley, decretos y contratos que servirán para enriquecer una elite. Las propuestas de los candidatos seguirán destinando el 15 por ciento del presupuesto al pago de una deuda adquirida de manera irresponsable.
No está contemplado invertir en el sector marítimo – puertos, astilleros, pesca – que se supone que es el fuerte de la economía del país. En cambio, se promueve el despojo de tierras de los campesinos que viven a orillas del mar, sea el Caribe o el Golfo de Panamá.
En el sector externo, EEUU ha demostrado que no es un socio que dé mucha confianza. China ha demostrado un interés especial en Panamá. Los gobiernos panameños tienen interés en recibir lo que traigan los chinos. Pero sólo les interesa recibir la comisión, sin proponer un Plan Nacional de Desarrollo.
Los tres candidatos – unos más otros menos – están asociados al pasado. No presentan alternativas para el futuro.
8 de noviembre de 2018

Wednesday, October 31, 2018

Trump se enfrenta al ‘establishment’ en elecciones


A diferencia de los gobiernos de EEUU que lo antecedieron en el siglo XX, el presidente Trump no está al servicio del establishment financiero que controla la distribución del capital (los excedentes del sector productivo) y de su burocracia que administra las relaciones sociales de dominación (el Estado). Trump es vocero de un sector minoritario de la oligarquía norteamericana que pretende recuperar parte o la totalidad del poder político que ha estado perdiendo en forma consistente después de la II guerra mundial. El enemigo de Trump es el establishment.



Entre 1895 y 1990 por cada dólar invertido en el sector productivo (industria y agricultura) se invertían 18 centavos en activos fijos, procesos de fusiones y absorciones. A partir de 1990 por cada dólar invertido en impulsar la economía productiva, las empresas en EEUU gastaron 68 centavos destinados a procesos de reestructuración y concentración empresarial. Como consecuencia, en los últimos veinticinco años la cuota de mercado de las 100 mayores multinacionales del mundo se duplicó, pasando del 9% del total mundial en 1990 al 21% en 2017.
En las elecciones de 2016 Trump logró organizar una campaña político-electoral que primero le permitió secuestrar al Partido Republicano (en agosto) e, inmediatamente, conducir al partido de Lincoln a un triunfo electoral sorpresivo (en noviembre) que lo llevó a la Casa Blanca (en enero de 2017).
El enfrentamiento entre las dos fracciones del capital norteamericano es asimétrico. El sector más poderosos del establishment, que controla el capital financiero, no sólo sirve de pivote para las inversiones dentro de la economía norteamericana, también ha construido una red global que incluye Europa, pretende incorporar a China y, además, controla la periferia del sistema capitalista, que incluye América latina.
Según Krugman, Trump representa sectores importantes del gran capital industrial, de bienes raíces, agroindustrial y energético. Para equilibrar la asimetría en lo político, Trump logró alinear sectores importantes de la clase obrera empobrecida de EEUU y sectores que aún conservan una ideología conservadora (el “Tea Party”) así como los resentidos racistas. Para debilitar al sector financiero en el plano internacional, Trump, por un lado, se acerca a Rusia y, por el otro, le declara la guerra comercial a China.
Donald Trump se enfrenta a elecciones parciales la próxima semana. Los resultados de las elecciones en la Cámara de Representantes de EEUU (450 curules), programadas para el martes 6 de noviembre, abrirán nuevos escenarios que afectarán el futuro inmediato de ese país y del mundo. Está en juego la presidencia de Donald Trump. Si el Partido Republicano conserva su mayoría en el Congreso, se desatarán un conjunto de procesos promovidos por la Casa Blanca. Si pierde, se producirán otros eventos, algunos predecibles y otros menos.
¿Qué pasa si el partido de Trump gana en 2018? Lo más probable es que en 2020 triunfe en las elecciones presidenciales programadas para ese año y siga en la Casa Blanca hasta 2024. También existe la posibilidad de que intente eliminar la enmienda numero 25 de la Constitución de EEUU que impide que el jefe de gobierno ocupe esa posición por más de dos períodos. Esto significaría en el plano internacional un fin de la ‘globalización’ que pretendía acabar con las fronteras y dejar establecido un gobierno mundial controlado por los centros financieros y el poder militar de EEUU. En su lugar, algo igual de pernicioso, Trump contribuiría a consolidar el poder económico y militar – y cultural – centrado en EEUU convirtiendo el resto del mundo en sus ‘vasallos’. Los vasallos serían sus aliados tradicionales, igualmente sus contrincantes – residuos de la guerra fría -  así como la periferia. 
Esta posibilidad crea un escenario de conflictos sin precedente. Trump cree estar en condiciones de enfrentar al mundo y derrotarlo, utilizando sobre todo su enorme poderío militar. (El 70 por ciento de todos los gastos militares en el mundo se concentran en EEUU).
Si las elecciones de la próxima semana en EEUU no favorecen a Trump, puede tener la seguridad que no podrá reelegirse en 2020. Además, es probable que no llegue a 2020 como presidente. La Cámara de Representantes iniciaría en 2019 un juicio (impeachment) para destituirlo. El Senado actuaría como jurado ante las denuncias de la Cámara. En un escenario de este tipo pueden darse sorpresas. Sin embargo, lo más probable es que la maquinaria del ‘establishment’ logre apaciguar cualquier sector con ideas fuera del contexto constitucional.
1 de noviembre de 2018.