Thursday, August 16, 2018

Se inició la temporada electoral en Panamá


Las primarias que celebrarán los partidos políticos panameños, para elegir sus candidatos para Presidente y otros cargos de elección popular, traen pocas novedades. En el caso del Partido Cambio Democrático (CD), el domingo pasado se cumplió con lo esperado. Igualmente, ocurrirá con las primarias del gobernante Partido Panameñista y el Partido Revolucionario Democrático (PRD). El Frente Amplio por la Democracia (FAD), único partido con un programa que rechaza las políticas neoliberales, también celebrará primarias en octubre. Es la única alternativa con novedades.

El Partido Panameñista ha gobernado cuatro años (desde 2014) sin un programa conocido, dando seguimiento a las políticas neoliberales de sus antecesores que llegaron al poder después de la invasión militar norteamericana en 1989. Los candidatos del panameñismo, que realizará primarias el próximo mes, aún no han presentado un plan de trabajo y es probable que no lo hagan. En 2014 el actual presidente Juan Carlos Varela llegó al Palacio de las Garzas con la consigna de “100 por ciento agua y cero letrinas”. Sólo fue una consigna, pero dio buenos resultados electorales.
El PRD, a su vez, trata de resolver sus problemas internos sin mucho éxito. Sus pretendientes a ser candidato a la Presidencia de la República son ‘viejos’ conocidos, entre ellos un ex mandatario. El PRD fue fundado por el general Omar Torrijos en 1978 con la intención de que se colocara en el centro del espectro político, entre la izquierda y la derecha. En la actualidad, se sitúa a la derecha y avala las políticas neoliberales tanto en política interna (privatizaciones, desregulación y  flexibilización laboral) como en política exterior (siguiendo la línea trazada por el Departamento de Estado y sus agencias financieras).
El CD tuvo una experiencia traumática durante la Presidencia de Ricardo Martinelli (2009-2014) quien abusó del poder para realizar operaciones que han sido denunciadas como ilícitas. El mismo Martinelli enfrenta un juicio y se encuentra encarcelado. A pesar de estos antecedentes quien fuera ministro en su gabinete y candidato oficial del CD, Rómulo Roux, asegura que alcanzará la Presidencia en las elecciones de mayo de 2019. Roux no presenta un programa de gobierno que identifique los problemas del país y las posibles soluciones. Sólo repite las consignas demagógicas de todos los partidos neoliberales:  Más escuelas, mejores caminos y agua para todas las comunidades.
La experiencia de los últimos 30 años ha sido un empobrecimiento sistemático de los sectores populares (75 por ciento de la población), un estancamiento de los ingresos de las capas medias (casi el 25 por ciento de la población) y un enriquecimiento impresionante de una pequeña elite de familias (menos del 1 por ciento) que monopolizan las rentas del país. Las políticas neoliberales han arruinado el sector agropecuario y han prácticamente desaparecido la industria.
El discurso de los candidatos de los tres partidos (y sus partidos apéndices) prometen aumentar las subvenciones tipo asistencialistas sin mencionar la necesidad de aumentar la producción nacional. Con los ingresos provenientes de la posición geográfica (Canal de Panamá, puertos y otras actividades relacionadas) satisfacen sus aspiraciones. No es para menos. La recuperación de la posición geográfica, como consecuencia de los Tratados del Canal Torrijos Carter (1977), que entraron en efecto en 1999, disparó los ingresos del país. Pero, los trabajadores (del campo y de la ciudad) han perdido sus empleos y los que manejan las finanzas han visto sus fortunas crecer casi sin límite.
El indicador tan popular entre los economistas, el producto interno bruto, pasó de menos de US$10 mil millones en 2000 a casi US$60 mil millones en 2017. Los partidos tienen la tarea de convencer a la población (especialmente a los trabajadores) que gracias a esos miles de millones de dólares que entran al país ellos están mejor que antes. La misión se hace cada vez más difícil ya que la ciudadanía no participa de la repartición de los millones y ya no cree en la democracia de los partidos. En otro artículo hay que analizar el papel de las candidaturas de libre postulación que pueden ser la solución a la pérdida de legitimidad de los partidos. 
El FAD, que no forma parte de los partidos políticos neoliberales, plantea un cambio que consiste en la regulación de las tareas gubernamentales y su relación con el sector empresarial. Por un lado, acabaría con la corrupción rampante y, por el otro, levantaría los sectores productivos – agro e industria - del país.
16 de agosto de 2018.

Wednesday, August 8, 2018

Nicaragua y la correlación de fuerzas



La situación de Nicaragua es complicada por los intereses de clase que están en juego. Es aún más complicada por la falta de información.
¿Qué sabemos?
Nicaragua es, en gran parte, un país de producción agropecuaria.
Sobre la base de esta realidad, a lo largo del siglo XIX, se estructuró y creció una clase con tendencias oligarcas que se apoderó de las instituciones de gobierno (políticas, militares, ideológicas). La combinación de la propiedad de la tierra y el control de los aparatos de gobierno parecieron darle a la oligarquía una posición inexpugnable.
Al mismo tiempo, creció una masa de trabajadores sin tierra que fue migrando a las ciudades a ocupar empleos de servicios. En el campo la población no recibía servicios públicos y en las ciudades lograba tener acceso a un mínimo de educación y servicios de salud. 

La debilidad económica del país no lograba generar un excedente que llegara en forma significativa a sectores diferenciados (transitorios). Es decir, a una clase obrera, a profesionales, técnicos y educadores (la llamada clase media o sociedad civil). Tampoco le daba a la oligarquía la solvencia económica para neutralizar a los sectores inconformes y rebeldes. El control político lo ejercía un 'clan', el ejército lo manejaba una familia y los aparatos ideológicos (Iglesia, educación, medios de comunicación) estaban en pocas manos.
Sobre esta base, los movimientos sociales sólo podían ser neutralizados mediante la represión violenta. Las pugnas familiares entre conservadores y liberales eran interrumpidas, en el siglo XX, por insurrecciones como el alzamiento del Ejército de Hombres Libres, liderado por Sandino, y una generación más tarde por el FSLN, fundado por Carlos Fonseca.

La oligarquía requería el apoyo político y militar de la potencia norteamericana para enfrentar a los campesinos y trabajadores. En la década de 1970 el FSLN, compuesto por jóvenes guerrilleros (entre 16 y 25 años de edad) del campo y de la ciudad logró romper la pasividad de la población y quiebra la unidad interna de la oligarquía. 
El triunfo del FSLN en 1979 fue gracias a las tácticas militares de sus columnas, pero aún más por la estrategia política de sus tres mandos. Por un lado, los gobernantes se relajaron, dentro de la Iglesia surgieron voces contestatarias y en EEUU se cansaron de seguir apoyando la ineptitud de 'nuestro hijo de puta'. 
En la década de 1980 EEUU decidió poner fin al diálogo con los jóvenes sandinistas y desataron una contra-ofensiva que utilizó a los países vecinos como cohortes. Agotados, los sandinistas entregaron el poder político en 1990 a las corrientes neoliberales, entre los cuales habían muchos que habían simpatizado con los sandinistas durante la gesta revolucionaria e, incluso, durante los diez años de gobierno. A pesar del apoyo de EEUU - o quizás por eso mismo - los tres gobiernos neo-liberales - resultaron desastrosos. Los niveles de vida cayeron y, peor aún, el pueblo sintió que quienes gobernaban eran más de la vieja oligarquía.
El FSLN regresó al poder en 2007 con Daniel Ortega (comandante revolucionario de la vieja guardia) a la cabeza. Puso en efecto una política bicéfala para evitar los supuestos errores del pasado. Por un lado, con apoyo externo (que no incluía a EEUU) armó un programa económico 'asistencialista' que mejoró los niveles de vida de los nicargaüenses. Por el otro, puso en marcha un plan político de alianzas con sectores importantes de la vieja oligarquía y de la Iglesia.
En pocos años, Nicaragua logró consolidar la paz social en las comunidades del país y callar a la oposición oligarca. Incluso, EEUU se sintió complacida con el comportamiento del antiguo enemigo sandinista logrando que se subordinara a las políticas neoliberales de las agencias financieras. Se sentía incómodo, sin embargo, con los saludos fraternales del gobierno sandinista hacia cubanos, venezolanos e, incluso, ecuatorianos y bolivianos.
EEUU mantenía relaciones con los empresarios y la Iglesia, incursionaba con programas dentro del Ejército y desarrollaba programas de indoctrinación entre los jóvenes conservadores y las universidades. Anualmente el Congreso aprobaba subvenciones millonarias para mantener su influencia en los sectores que no se consideraban sandinistas. Incluso, coqueteaba con los sandinistas que se habían separado de la corriente que encabezaba Ortega.
El 16 de abril de 2018 se produce una protesta de los jubilados quienes veían como un decreto presidencial les cortaba un porcentaje de sus pensiones. En forma desordenada gremios empresariales, Iglesia católica y jóvenes conservadores reaccionan defendiendo los jubilados y atacando la legitimidad del gobierno. Ortega supuso que la embestida sería muy corta, pero se encontró con la sorpresa que a pesar de la desorganización de la oposición, cuenta con recursos externos para movilizar gente en el país.
Después de tres meses de enfrentamientos la balanza se inclina a favor del gobierno de Ortega y las organizaciones populares del FSLN. En esta coyuntura Washington se pronunció oficialmente a través de un comunicado de la Casa Blanca: EEUU apoya a los sectores de la oligarquía junto con la juventud conservadora y les asigna nuevos fondos para seguir desestabilizando al gobierno del FSLN. Acusa a los sandinistas de reprimir a los grupos financiados por EEUU. Decide aplicar sanciones contra funcionarios del gobierno. La táctica es una copia de sus políticas aplicadas en Venezuela, Libia y Siria (incluso Ucrania). 
Hasta este momento se observa que el FSLN está intacto. Su base social en el campo y en las ciudades ha soportado la embestida de la oligarquía. El futuro esta en manos de ese pueblo que luchó por el ideario de Sandino. Ortega le toca probar su capacidad como dirigente de un pueblo que está en lucha.
Un comentario adicional: He leído los comentarios de muchos amigos de la Revolucion sandinista de la década de 1970 que quieren regresar a la gloria de los combates de Masaya y tantas otras.
Sugiero que se informen sobre lo que ha pasado en los últimos 40 años. Si echan de menos a los comandantes guerrilleros, recuerden que es el pueblo sandinista que está luchando en todo el país por Nicaragua y las futuras generaciones de ese país heroico. El nicaragüense no quiere la guerra, quiere una Nicaragua libre de oligarcas y lacayos de senadores norteamericanos
09 de agosto de 2018


Saturday, August 4, 2018

Nueva ley cuestiona la soberanía marítima de Panamá

El país parece estar en una ruta impredecible. Por un lado, estamos preocupados por el anunciado frenazo de la economía que sufre serias contracciones en todos los sectores, especialmente en la construcción y el turismo. Al mismo tiempo, la agricultura y la industria colapsaron. Se mantiene en pie el Canal de Panamá y  un sector especulativo que puede comenzar a tener problemas muy pronto.
Por el otro, nos acercamos a las elecciones generales cuando el pueblo es convocado a las urnas para elegir sus representantes que pretenden ser dirigentes. Nos encontramos que los candidatos no tienen propuestas, sus partidos no tienen planes de gobierno y el pueblo ya se cansó de los teatros quinquenales que montan los sectores que concentran el poder económico.
Las lluvias tropicales de la época se han convertido en tema de debate. Algunos dicen que las ciudades se inundan por las los chaparrones que caen con frecuencia. En días pasados una lluvia matinal paralizó la ciudad de Panamá, detuvo el Metro e hizo intransitable las avenidas. Todo supuestamente por culpa de las lluvias. En realidad, se olvidaron que se construye sin plan, que la planificación urbana es un chiste de mal gusto y Odebrecht todavía está a cargo de numerosas obras.
Lo que realmente fue una sorpresa -  a pesar de que uno cree que lo ha visto todo - fue cuando una voz en las redes sociales anunció que la Asamblea de Diputados aprobó en tercer debate una ley que enajenaba el territorio marítimo del país. Los periodistas no le dieron mucha importancia. Los medios de comunicación menos. Los empresarios parecían indiferentes y el pueblo estaba confundido. Los trabajadores y las capas medias están acostumbrados a los ‘camarones’ y de los ‘madruganazos’  que meten los políticos y sus patrones. Pero no sospechaban que de un solo golpe podían apropiarse de varios miles de kilómetros cuadrados de territorios nacionales, aunque fueran marítimos.
¿Qué valor tienen estos mares que bañan nuestras costas, tanto en el Caribe como en el Pacífico? Son aguas que le permiten a los barcos de todas partes del mundo llegar al Canal de Panamá. Son mares ricos en peces de todas las variedades. Los españoles cuando exterminaron a los Cueva (pueblo indígena que vivía en las costas del Pacífico) bautizaron su capital con el nombre de la Virgen de la Asunción de Panamá. El nombre de la nueva ciudad, en la lengua cueva,  – dicen los cronistas españoles de la época -  significa ”abundancia de peces”.
En la actualidad - todavía no tenemos ley publicada en la Gazeta Oficial – nuestro territorio marítimo se extiende 200 millas (370 kilómetros) de las costas. La nueva ley reduciría las aguas bajo soberanía panameña a sólo 12 millas (22 kilómetros) de las costas. ¿Cómo se explica esta iniciativa que a todas luces parece absurda?  Los políticos no podían dar explicaciones. Los empresarios menos. Se preguntaban ¿dónde estaba el negocio?  ¿Podían recibir alguna comisión por la entrega de aguas marítimas a intereses extranjeros?
Afortunadamente vino al rescate el internacionalista, profesor de la Universidad de Panamá, Euclides Tapia. Según el profesor, “el 25 de julio del año en curso,  la  Asamblea Nacional aprobó en tercer debate el proyecto de Ley No. 637 por  el cual se fijan las líneas de base para la medición de la anchura del mar territorial de la República de Panamá en el Mar Caribe y el Océano Pacífico”. Según Tapia, “de forma ambigua, (los legisladores) conciben  conceptos diferentes como Mar Territorial y Plataforma Continental, que terminan confundiendo a la opinión pública nacional”. 
Panamá con la nueva ley cumpliría “con un mandato de la Convención de Derecho del Mar de 1982. (CONVEMAR, 1982)”. Perderíamos nuestra soberanía sobre las aguas más allá de las 12 millas mencionadas más arriba. Según el profesor Tapia, tendríamos derecho a una Zona Contigua de otras 12 millas donde no seríamos ‘plenamente’ soberanos. (Recuerda el Tratado Hay-Bunau Varilla de 1903)
Pero también hay otra Zona Económica Exclusiva (200 millas). “Los derechos del Estado  ribereño  se circunscriben a la exploración, explotación, conservación y ordenación de los recursos vivos y no vivos, del mar, del lecho y del subsuelo”. Pero “todos los Estados tienen la libertad de navegación y sobrevuelo y de tendido de cables y tuberías submarinos”. ¿Quién es soberano? Todo indica que nadie y, a la vez, cualquier Estado que se acerque a las aguas panameñas.
2 de agosto de 2018.

Wednesday, July 25, 2018

El encuentro de Trump y Putin en Helsinki

El presidente Trump ha creado una tormenta dentro del “establishment” norteamericano con ramificaciones a todos los centros financieros del mundo. Desde el anuncio de su candidatura en 2015 se ha convertido en un dolor de cabeza (bête noire) para el sector de la clase dominante que promueve la “globalización” como estrategia para consolidar su poder a escala mundial. La reciente cumbre entre Trump y el presidente Vladimir Putin, de Rusia, en Helsinki, desató una histeria pocas veces vista antes en los círculos de poder de EEUU.
Antes de analizar la reunión con Putin, hay que recordar que Trump desconoció los tratados comerciales con sus aliados, introdujo la política de ‘tolerancia cero’ en la frontera con México y le declaró una guerra comercial a China Popular y a Europa occidental. El “establishment” norteamericano respondió sin misericordia por todos los medios a su alcance. A pesar de ello, en EEUU Trump sigue recibiendo apoyo de lo que él llama su ‘base social’ y de la derecha nacionalista en el resto del mundo.
Lo que la gran prensa del “establishment” llama errores de Trump (para usar un término muy suave), en realidad persiguen un objetivo muy claro. Además, muy peligroso para los intereses del poder económico concentrado en los centros financieros (sobre todo en la banca de Nueva York). El objetivo estratégico de Trump es debilitar al gran capital financiero y fortalecer el capital productivo (industrial) de EEUU. Para darle seguimiento a este objetivo, es imprescindible que Trump continúe en el poder político por lo menos hasta 2024 (dos períodos presidenciales). El primer escalón es ganar las elecciones parciales (del Congreso) en noviembre de 2018. Si no las gana es improbable que se re-eliga en 2020.
La consigna “EEUU Primero” sintetiza la política de Trump. En el escenario mundial tiene que subvertir la política globalizante para regresar a una economía mundial competitiva. Su punto de partida tiene como base el supuesto que EEUU puede ganarle a los demás países del mundo y someterlos a una “pax americana” global. La tesis globalizante, impulsada desde la década de 1970, por todos los presidente de EEUU, se basaba en poner fin a las fronteras, construir un súper gobierno mundial dirigido por tecnócratas y disolver las identidades nacionales. Los capitales del centro financiero de EEUU seguirían a la cabeza, en alianza con Europa occidental y con la nueva potencia emergente en China.
Los grandes capitalistas detrás de Trump quieren desmontar el esquema globalizante. Hay que minimizar los acuerdos comerciales, hay que desestabilizar a la Unión Europea y frenar el auge de China Popular. La Casa Blanca se ha convertido en un laboratorio donde se barajan las tesis más increíbles. Todas dirigidas a un fin: Acabar con el poder del “establishment”. En EEUU Trump cuenta con el apoyo entusiasta de una masa de trabajadores empobrecidos, pequeños emprendedores y grandes industriales a punto de quebrar. Otro sector de la población norteamericana ha girado hacia la izquierda, siguiendo el discurso de Bernie Sanders. El “establishment”, a pesar de su enorme poder económico y mediático (CNN, NBC, NYT, Hollywood) está acorralado y se siente acosado. Trump y su equipo lo saben y siguen provocando.
Helsinki fue el incidente más reciente y probablemente no será el último. En el “gran plan” elaborado hace un cuarto de siglo por el politólogo Zbigniew Brzezinski, Rusia era el eslabón más débil del sistema. Según esta tesis, Rusia es un país pobre en términos capitalistas pero militarmente muy poderoso. Tenía que desaparecer. En cambio, China tenía que convertirse en el socio de EEUU en un mundo globalizado. Cuando Trump viaja a Helsinki descarta las propuestas de Brzezinski, le ofrece a Putin una alianza y la estabilidad que tanto necesita. A cambio, Moscú se convierte en un “aliado” menor (similar a Japón y Alemania) en el gran tablero geopolítico.
En la estrategia de Trump, quedan por fuera China y el mundo marginado (‘tercer mundo’, ‘países subdesarrollados’ o ‘pobres’). Rusia es clave para encerrar a China desde el norte y el oeste. EEUU se encarga de contener el dragón por la costa oriental. El resto del mundo seguiría gobernado, según esta estrategia, por agentes serviles y, en última instancia, por intervenciones militares “humanitarias”.
El “establishment” sabe que el enfrentamiento es de vida o muerte. Califican a Trump como traidor a la causa capitalista globalizante y piden su destitución. Si Trump pierde las elecciones parciales en noviembre, el capital financiero organizaría un enjuiciamiento para separarlo del cargo antes de 2020.
En resumen, Trump aspira construir un sistema que mantenga un equilibrio geopolítico mundial con el centro en EEUU. Para ello tiene que desestabilizar a Europa occidental (Alemania), contener a China, apuntalar a una débil Rusia y mantener al resto del mundo en el caos neo-colonial.
26 de julio de 2018.

Wednesday, July 18, 2018

El plan de los partidos es saquear el erario público


La mayoría de los panameños reclaman cambios en el orden político que está totalmente carcomido, sin posibilidad alguna de recomponerse. Lo primero que exige el pueblo es un fin al despojo descarado de las riquezas del país por una pequeña oligarquía que gobierna desde hace casi 30 años. La corrupción se ha adueñado de las instituciones republicanas tanto del gobierno, como de los partidos políticos, pasando por una clase empresarial insaciable. Al mismo tiempo, los panameños piden que los gobernantes – elegidos por el pueblo – cumplan con los programas de trabajo que proponen. El crecimiento económico del país y la eficacia del gobierno para recaudar fondos, tiene que traducirse en una calidad de vida decente para todos, que incluya educación para las nuevas generaciones, salud igual para todos y seguridad en las comunidades del país. Desde 1990 desapareció la noción de tener un plan de desarrollo nacional. Cada quinquenio el partido que llega a administrar el presupuesto nacional tiene un plan muy bien elaborado para saquear el erario público. Los partidos se olvidan del país y su gente, y sólo piensan en los negocios con fondos públicos que aumentan las fortunas de sus patrones.

La semana pasada, con el anuncio de un aumento de la tarifa de electricidad del 8 por ciento, el gobierno se descubrió por completo. Sin justificación creíble se pretendió traspasar una cuenta millonaria de la empresa ETESA a los consumidores. Si en efecto la mala administración de las líneas transmisoras de electricidad son la causa del déficit, hay que pedir cuentas y castigar a los responsables. Los administradores y los políticos deben presentar, de una vez, sus renuncias. Los sectores populares, con los estudiantes universitarios a la cabeza, salieron a la calle a protestar. Fueron recibidos por las fuerzas represivas del gobierno, causando daños irreparables.
Los partidos políticos – llamados de gobierno y de oposición – guardaron silencio mientras que el pueblo se tomaba las calles. Además de los universitarios, salieron educadores, trabajadores y sectores de la ‘sociedad civil’. Los partidos políticos han perdido la representación de los diferentes sectores de la sociedad panameña. En este momento están enfrascados en maniobras pre-electorales. Su preocupación principal es llegar al solio presidencial y reelegir a sus diputados.
El escándalo de las tarifas de electricidad se suma al anuncio hecho la semana anterior de que los diputados tienen varias ‘planillas’ para nombrar sus seguidores y ‘servidores’ por la suma de 300 millones de dólares anuales. Planillas acordadas entre el Ejecutivo y el órgano legislativo hace varios años. También estamos presenciando el juicio del expresidente Martinelli  (2009 – 2014).
Se han dado 108 concesiones para construir represas sobre los ríos panameños. Hay un total de 41 que están operando. Los concesionarios constituyen lo que parece un ‘directorio’ de los financistas de los partidos políticos. Aparecen los apellidos que suelen ser mencionados por los medios de comunicación como los ‘dueños’ de los partidos.
Se acerca el torneo electoral de mayo de 2019 donde se enfrentarán los mismos partidos que se reciclaron hace treinta años, después de la invasión norteamericana de 1989. Cada uno tiene el mismo modelo para aplicar en su gestión administrativa. Por un lado, cumplir con las exigencias de los organismos norteamericanos en materia de economía y en lo referente a las políticas sociales: Mas desregulación, más flexibilización y más privatización. Además, reducir los presupuestos para la educación, salud y seguridad comunitaria. Por el otro lado, identificar los rubros presupuestarios más sustanciosos que pueden ser atacados y despojados de sus riquezas: Finanzas, infraestructura y el sector social.
Los partidos políticos, sin embargo, pierden cada vez más legitimidad y credibilidad.  Su poder de convicción se corroe y no pueden caminar con la misma agilidad de antaño. Sectores económicos que financian a los partidos están lanzando candidatos independientes con la finalidad de sondear a los votantes que no quieren saber de los partidos. Incluso, los pre-candidatos se desprestigian al salir a la palestra simplemente por la presencia del equipo partidista que le hace compañía. Los tres partidos más grandes (PRD, CD y Panameñista) realizarán primarias en los próximos dos meses. Ganarán candidatos que tienen alrededor de 30 años militando en los partidos. No hay caras nuevas ni propuestas que incluyan las necesidades del país. El partido de izquierda, el Frente Amplio por la Democracia (FAD), que no realizará primarias, tiene la oportunidad de presentar caras nuevas y propuestas contundentes.
19 de julio de 2018.

Thursday, July 12, 2018

AMLO: “Por el bien de todos, primero los pobres”



Toda América latina celebró el triunfo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y el mundo aplaudió la madurez de los mexicanos decididos a enrumbar su país en una dirección que favorece a una población que supera los cien millones de habitantes. El presidente electo dijo que en su gestión todos tendrían cabida, con especial énfasis en los pobres y humildes.
El triunfo de AMLO en México presenta dos retos. Por un lado, una estructura social a lo interno del país que ha sido destrozada por las políticas neoliberales impuestas al país azteca por más de 30 años. Como consecuencia emergió una alianza política entre una nueva oligarquía concentradora del poder económico, una estructura política corrupta y una red mafiosa ligada al narcotráfico. La destrucción del agro y el desmantelamiento de la industria, por esta ‘santa alianza’, creó una enorme masa de población sobrante (desempleada) que se dirigió a EEUU en busca de trabajo. 
Por el otro, un panorama cambiante en el exterior que alteró radicalmente las relaciones de México con el mundo. El proveedor de mano de obra barata y productos de bajo valor agregado (agrícolas e industriales) a la economía norteamericana se volvió un problema catastrófico. Las alianzas con países de América latina y el resto del mundo giraron en una dirección inesperada y conflictiva. México abandonó la búsqueda de la paz en la región y decidió acompañar a EEUU en sus aventuras anti-populares y anti-nacionalistas. Según el programa de López Obrador, hay plena conciencia de estos retos y el nuevo presidente que tomará posesión el 1 de diciembre de 2018 ya tiene líneas de acción para enfrentar y resolver las crisis creadas por 3 décadas de políticas neoliberales.
En el frente social, AMLO ha declarado que sus dos objetivos centrales son la erradicación de la pobreza y la corrupción. “Escucharemos a todos, atenderemos a todos, respetaremos a todos, pero daremos preferencia a los más humildes y olvidados. En especial, a los pueblos indígenas de México. Por el bien de todos, primero los pobres”. En la guerra contra la corrupción plantea “desterrarla del país. No tendremos problema en lograr este propósito porque el pueblo de México es heredero de grandes civilizaciones y, por ello, es inteligente, honrado y trabajador. La corrupción no es un fenómeno cultural sino el resultado de un régimen político en decadencia”.
En lo económico señala que privilegiará la recuperación del sector agrícola y la revitalización de la industria. Por el lado de “los contratos del sector energético suscritos con particulares, serán revisados para prevenir actos de corrupción o ilegalidad”. López Obrador no pretende revolucionar el sistema capitalista. En cambio si pretende introducir cambios fundamentales. Para comenzar, se pondrá fin a las políticas neoliberales que favorecen la flexibilización del trabajo (informalidad en el empleo), acabará con la desregulación y pondrá fin a las privatizaciones de los recursos del país.
En política exterior, AMLO ha dicho que “seremos amigos de todos los pueblos y gobiernos del mundo. Se volverán a aplicar los principios de no intervención, de autodeterminación de los pueblos y de solución pacífica a las controversias”. Este giro de 180 grados frente a los últimos cinco gobiernos neoliberales mexicanos tendrá un impacto enorme sobre la región. Además, López Obrador agregó que “con EEUU buscaremos una relación de amistad y de cooperación para el desarrollo, siempre fincada en el respeto mutuo”.
López Obrador tiene que lidiar con el presidente Trump, del vecino al norte, que ha declarado la migración de trabajadores que cruzan la frontera un peligro para la integridad nacional de EEUU. Ambos comparten un proyecto político nacionalista. En el caso de Trump, su consigna de ‘EEUU Primero’ le hace el juego a los trabajadores norteamericanos empobrecidos por las políticas neoliberales (globalización). Utilizó a México para hablar de la construcción de un muro y proteger al pueblo de los malos mexicanos del sur. Fue una herramienta electoral que todavía le está dando dividendos.
Con López Obrador, la Casa Blanca puede negociar un pacto que le permita a Trump garantizar la lealtad de esa masa de votos que necesita para su reelección en 2020. No es casual que el presidente norteamericano estuvo entre los primeros lideres mundiales que felicitaron a AMLO el 1 de julio.  Trump puede favorecer un acuerdo que le permita a México acabar con la corrupción, la red mafiosa del narcotráfico e iniciar un plan de desarrollo nacional.
12 de julio de 2018.

Thursday, July 5, 2018

El mensaje de Varela se olvidó del país


 El presidente Juan Carlos Varela pronunció su último mensaje anual a la Asamblea Nacional de Diputados en medio de una crisis política que proyecta incertidumbre para el futuro. Precisamente, una hora antes de su discurso, la Asamblea eligió a su nueva directiva formada por miembros de los dos partidos de oposición: el Partido Revolucionario Democrático (PRD) y el Partido Cambio Democrático (CD).
El presidente Varela se enfrentará a una Asamblea hostil durante su último año de gestión. Las denuncias de la Contraloría y sus intentos de investigar las planillas que manejan los diputados en la Asamblea provocaron un rompimiento entre los tres partidos mayoritarios. Por un lado, el Partido Panameñista (del Ejecutivo) y, por el otro, el PRD y el CD (que siguen controlando la Asamblea). 
La Asamblea le negó a la Contraloría acceso a sus finanzas. La mayoría de los diputados utilizan una planilla 080 para nombrar activistas políticos en sus respectivos circuitos electorales. En su mensaje anual, el presidente negó que había una crisis política. Al contrario, dijo que “a lo que algunos han llamado crisis institucional, yo lo denomino democracia funcional”. Agregó que “juntos (gobierno y Asamblea) estamos construyendo una democracia funcional donde se respeta la separación de los poderes y cada uno es responsable de sus acciones”.
Los diputados y el pueblo panameño fueron sorprendidos por esta nueva teoría que deben someter a estudio los politólogos. La corrupción y el clientelismo no pueden ser tolerados por la democracia, aunque sea en teoría. Cuando los pensadores de la Ilustración concibieron la ‘separación de los poderes’ no pensaron que se trataba de que cada órgano del Estado podía aprovecharse del tesoro nacional en forma independiente.
La mayoría de los panameños esperaban que el presidente Varela informara cuáles serían sus planes para sus últimos 12 meses en el poder. Por un lado, en lo político, querían escuchar que planes tenía en mente sobre la Asamblea Constituyente anunciada y la quinta papeleta. Por lo poco que dijo parece que ya no le entusiasma la propuesta inicial.  En su discurso de 35 minutos le dedicó un minuto a la Asamblea Constituyente:
“Mantenemos nuestra posición sobre la necesidad de una reforma constitucional vía una Asamblea Constituyente, hemos realizado las consultas con los grupos políticos, sociales, cívicos, gremiales y concuerdan en que son necesarias las reformas, no en el cómo realizarlas”. Es decir, no habrá Asamblea Constituyente.
Continuó diciendo que convocaría “a una reunión con los grupos consultados para debatir y consensuar una hoja de ruta que nos permita lograr los cambios constitucionales que reclama nuestra sociedad y que son necesarios para salvaguardar la democracia”. En otras palabras, es probable que prepare un paquete de reformas para que la apruebe esta Asamblea que la presentaría a la próxima. Tal como señala la Constitución Política vigente.
Por otro lado, en lo económico, se esperaba que el primer mandatario hablara sobre los acuerdos históricos firmados con la República Popular de China. En un período de 20 años, Pekín invertirá 400 mil millones de dólares en Panamá, según la información filtrada desde el Palacio de las Garzas. A este tema el presidente le dedicó menos de un minuto:
“El establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular de China ha permitido la llegada de un vuelo directo de Air China y hemos iniciado los estudios de factibilidad del tren Panamá-David”. La parquedad tiene sus límites. ¿Será que el gobierno no quiere compartir con los panameños los planes que tienen en mente con los chinos? Se anunció que el istmo panameño sería el ‘hub’ chino para toda América latina. Esta iniciativa transformaría la economía panameña y crearía enormes oportunidades para el desarrollo del país (si se hiciera dentro de un plan nacional). Reducir la relación de Panamá con China a un vuelo comercial con Pekín y un tren, no tiene mucho sentido.
Por último, en lo social, planteó que “en 4 años no se ha utilizado una sola granada lacrimógena de las 100 mil que había en inventario cuando inicié mi período”. Hay que reconocer que la violencia desatada por el actual gobierno fue menor que los anteriores. Pero hay que preguntarse ¿qué hace un gobierno con “100 mil granadas lacrimógenas”, o helicópteros de guerra y otros armamentos si no es para reprimir? Los humildes panameños que no tienen techo, ni agua y están sin empleo no entendieron el mensaje.
5 de julio de 2018.